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artritis reumatoide para pacientes

Importancia del control estricto de la Artritis Reumatoide

Introducción

La evolución de la artritis reumatoide (AR) resulta difícil de predecir, pues se trata de una enfermedad que puede avanzar de manera rápida o lenta.

Cuando la AR progresa, el dolor articular puede limitar movimientos tan simples que afecten a la capacidad de agarrar objetos o actividades cotidianas como subir una escalera. El tratamiento precoz puede aumentar notablemente el control sobre la evolución de la enfermedad.

En términos generales, se entiende por "remisión" el estado en el que los síntomas de una enfermedad se reducen en gran medida o dejan de manifestarse. Para las personas con AR, esto significa que todos o la mayoría de los síntomas como la inflamación, el dolor y la fatiga desaparecen.

Aunque el tratamiento de la AR no es curativo, hasta un 30% de los pacientes pueden afirmar que se sienten "curados". Lo que realmente están experimentando es una remisión clínica. De ellos, sólo unos pocos podrán abandonar el tratamiento. Más del 95% deberán continuarlo para mantenerse en remisión. En cualquier caso, será necesario un control periódico estricto para asegurar que cada paciente recibe el tratamiento más adecuado.

Definición de "remisión" en la artritis reumatoide

Se habla de remisión en AR cuando el paciente, además de no presentar síntomas clínicos como dolor o inflamación, tampoco muestra progresión radiológica.

O lo que es decir lo mismo, cuando la enfermedad no sigue destruyendo las articulaciones. La remisión conlleva, por tanto, que el paciente recupera en gran medida la calidad de vida que tenía antes de padecer la enfermedad.

 Se habla de remisión en artritis reumatoide cuando el paciente, además de no tener síntomas clínicos como dolor o inflamación, tampoco presenta progresión radiológica
 

Otro punto importante es que cuanto más tiempo permanezca la AR en remisión, menos probable será que se reactive.

¿Cómo se determina la existencia de una remisión? En la práctica clínica se emplean unos índices, llamados DAS y SDAI, para valorar la actividad de la enfermedad.

El índice DAS (Disease Activity Score) es el más utilizado en la práctica clínica. Combina diferentes datos clínicos en un único índice con el que se clasifica a los pacientes en diferentes categorías. Se calcula, mediante una fórmula, a partir de los siguientes parámetros:

  • Número de articulaciones dolorosas de un total de 44 (Índice de Ritchie) o de un total de 28 articulaciones (DAS 28, más frecuente)
  • Número de articulaciones tumefactas
  • Velocidad de sedimentación globular o VSG (prueba de laboratorio que determina la presencia de inflamación).
  • Evaluación global del dolor por parte del paciente, mediante una Escala Visual Analógica (EVA) de 10 cm que oscila de 0 ("muy bien") a 10 ("muy mal").

Los resultados de estas mediciones se usan para calcular la puntuación DAS28 entre 0 y 10. Para que un paciente se considere en remisión debe presentar una puntuación menor de 2,6.

El índice DAS requiere de una fórmula compleja que dificulta su uso en la práctica diaria. Por este motivo se desarrolló el índice SDAI (Simplified Disease Activity Index o Índice Simplificado de Actividad de la Enfermedad) que, suma, entre otros factores, el valor de la proteína C reactiva (PCR).

Cuando la AR es de diagnóstico reciente, se recomiendan determinaciones mensuales de estos parámetros hasta que se consiga controlar la enfermedad.

Aunque no se puede saber qué pacientes alcanzarán la remisión con el tratamiento, parecen tener mayor probabilidad de éxito aquellos que presentan un factor reumatoide (FR) y un péptido cíclico citrulinado (CCP) negativos, así como una proteína C reactiva (PCR) normal.

Objetivo del tratamiento de la artritis reumatoide

El objetivo del tratamiento de la AR es inducir la remisión completa de la enfermedad o, alternativamente, conseguir la mínima actividad inflamatoria posible.

Los pacientes con AR que presentan un curso evolutivo con remisiones, ya sean espontáneas o inducidas por fármacos, tienen mejor pronóstico a medio plazo que aquellos con una actividad clínica persistente. La remisión completa de la enfermedad o, al menos, la consecución del menor grado de actividad inflamatoria posible, es la única forma de mejorar el pronóstico y asegurar la evolución más favorable para el paciente.

Algunos tratamientos de la AR alivian los signos y síntomas de la enfermedad, pero no evitan que ésta avance a nivel articular y sistémico. No hay que olvidar que, para considerar que se ha alcanzado la remisión, debe tenerse en cuenta no sólo la ausencia de síntomas, sino que la enfermedad no se encuentre activa. Afortunadamente, existen nuevos tratamientos capaces de actuar tanto sobre los síntomas como sobre la actividad de la enfermedad, con lo que aumenta la probabilidad de alcanzar una remisión.

El principal objetivo del tratamiento de la artritis reumatoide es la remisión de la enfermedad.
 

La importancia de un control estricto desde el principio

Los pacientes con AR sufren daño permanente en las articulaciones desde el comienzo de la enfermedad, y esto ocurre de forma más rápida en los 6 primeros meses. Por tanto, es primordial iniciar el tratamiento tan pronto se establezca el diagnóstico de la AR, de forma que se evite el daño sobre la articulación y el paciente esté en mejor disposición de conseguir una remisión rápida y duradera.

Dado que numerosos estudios científicos indican que con un tratamiento precoz se aumenta la probabilidad de remisión, el seguimiento de cada paciente conllevará un control muy estricto desde el principio de la enfermedad y a lo largo de su evolución.

Periodicidad de los controles

No existe ningún tratamiento que haya demostrado ser curativo en la AR, por lo que todos los pacientes que padecen esta enfermedad deben seguir con las visitas médicas de control indefinidamente. La evaluación frecuente y continuada de la actividad inflamatoria de la AR y de sus consecuencias es imprescindible para cumplir con el principal objetivo terapéutico: conseguir la remisión o mantener al paciente con la mínima actividad inflamatoria posible.
Los pacientes con AR establecida y en remisión completa deben ser evaluados cada 6-12 meses; aquellos con brotes frecuentes o con actividad persistente, o que presentan enfermedad de inicio reciente, deben ser valorados "a demanda" (en general, cada 1-3 meses) hasta conseguir la remisión o alcanzar la mínima actividad inflamatoria posible durante un periodo mantenido.


La frecuencia de las visitas se modificará ante la presencia de complicaciones, efectos secundarios o enfermedades adicionales, según lo requiera la situación.
 

Cuando hay respuesta al tratamiento

Los criterios de respuesta al tratamiento se aplican individualmente a cada paciente y deben tener en cuenta tanto el cambio en la actividad de la enfermedad como su grado de actividad actual. El especialista debe evaluar la respuesta al tratamiento clasificándola como:

  • satisfactoria: remisión completa de la enfermedad, o remisión suficiente, aunque no sea completa
  • no satisfactoria: ausencia completa o casi completa de mejoría.

El médico puede llegar a cada una de estas categorías utilizando diferentes criterios de respuesta. Los más utilizados son los índices comentados anteriormente, el DAS y el SDAI.

El futuro: la medicina individualizada

Aunque todavía queda un largo camino por recorrer, en los últimos años se ha evolucionado enormemente en el conocimiento de la AR. Se trata de un campo de investigación relevante y cada día se publican nuevos datos sobre sus mecanismos patológicos.

Gracias a ello se sabe que, ni todas las AR son iguales, ni todos los pacientes responden de igual forma a todos los tratamientos. Teniendo en cuenta que el objetivo fundamental es alcanzar la remisión, habrá que ir adaptando el tratamiento hasta dar con el enfoque más indicado para cada paciente.


Referencias