

¿Cuál es el objetivo del tratamiento de la artritis reumatoide?
La Artritis Reumatoide (AR) es una enfermedad inflamatoria y progresiva que daña las articulaciones paulatinamente, lo que hace que el paciente pierda poco a poco funcionalidad y, en consecuencia, vea seriamente mermada su calidad de vida.
A pesar de los grandes avances que se han producido en los últimos años en el tratamiento de esta enfermedad, a día de hoy su curación aún no es posible. Por este motivo, y con el fin de alcanzar lo antes posible el control de los síntomas y frenar el deterioro de las articulaciones, los reumatólogos recomiendan aplicar un tratamiento intensivo y precoz con las terapias actualmente disponibles.
La remisión completa de la enfermedad o, al menos, la consecución del menor grado posible de actividad inflamatoria, es la única forma de mejorar el pronóstico y asegurar la evolución más favorable para el paciente. Los pacientes que experimentan remisiones, ya sean espontáneas o gracias a la administración de fármacos, presentan un mejor pronóstico que aquellos en los que la enfermedad se mantiene activa de modo permanente. Y es que, a la hora de considerar que se ha alcanzado la remisión, no sólo se tiene en cuenta la ausencia de síntomas, sino la ausencia de actividad de la enfermedad.
Este hecho cobra especial relevancia con la aparición de las nuevas terapias biológicas dirigidas a combatir los factores responsables de la aparición de la AR.
Los reumatólogos recomiendan aplicar un tratamiento intensivo y precoz con las terapias actualmente disponibles con el fin de alcanzar la remisión en la AR cuanto antes
¿Qué es el cumplimiento terapéutico?
Según las guías actuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cumplimiento terapéutico o adherencia debe entenderse como aquella conducta del paciente mediante la cual participa de forma consciente en las recomendaciones facilitadas por el equipo de profesionales sanitarios que tratan su enfermedad.
Por tanto, se habla de buen “cumplimiento terapéutico” cuando el paciente sigue las indicaciones de su médico en cuanto a las pautas de tratamiento correctas (dosis, forma de administración, intervalos de infusión, periodicidad de los controles, etc.). El cumplimiento es especialmente importante en el caso de enfermedades crónicas como la AR, en las que el grado de progresión guarda una estrecha relación con el tratamiento recibido.
En el cumplimiento terapéutico intervienen muchos factores, si bien uno de los aspectos clave para mejorarlo es que el paciente entienda bien su enfermedad y su tratamiento. Los programas educativos desempeñan un papel fundamental; pero todos los investigadores coinciden en que la relación entre el personal sanitario y el paciente es probablemente la herramienta más poderosa a la hora de obtener un buen seguimiento del tratamiento prescrito.
Sin embargo, existen otros muchos factores que acaban condicionando el cumplimiento terapéutico, entre los que hay:
En el caso de la AR, aspectos como la simplicidad de la pauta de administración y su frecuencia, la calidad de vida que se obtiene con el tratamiento, la baja incidencia de reacciones adversas o el control del paciente mediante los seguimientos periódicos adecuados redundan en un mejor cumplimiento y, por tanto, en una mayor probabilidad de que el tratamiento sea eficaz.
El cumplimiento es especialmente importante en el caso de enfermedades crónicas como la AR, en las que su grado de progresión guarda una estrecha relación con el tratamiento recibido
¿Qué pautas de tratamiento existen para la artritis reumatoide?
Existen diferentes tipos de tratamientos para la AR, que se clasifican en tres grandes grupos:
1.Analgésicos y antiinflamatorios: son fármacos dirigidos a aliviar el dolor y la inflamación a corto plazo. Entre ellos están los AINE (antiinflamatorios no esteroideos) y los glucocorticoides. Suelen administrarse por vía oral, intramuscular o rectal. Son útiles para disminuir la inflamación y ayudar a sobrellevar el dolor diario, pero no contribuyen a modificar la progresión de la enfermedad a largo plazo.
2.Fármacos Modificadores de la Enfermedad: El tratamiento con este grupo de medicamentos, de administración generalmente oral o subcutánea, no sólo mejora los síntomas sino que también puede frenar la progresión clínica de la AR, reduciendo la actividad de la enfermedad a largo plazo. El fármaco más utilizado dentro de esta categoría es el metotrexato (MTX).
3.Terapias biológicas: Son fármacos producidos a partir cultivos celulares y que actúan sobre el sistema inmunitario, limitando la inflamación y reduciendo de este modo las manifestaciones clínicas de la AR. Suelen prescribirse combinados con los fármacos modificadores de la enfermedad. En la AR se utilizan varios tipos de fármacos biológicos:
oInhibidores del TNF (Factor de Necrosis Tumoral): actúan bloqueando el TNF, una de las principales moléculas que intervienen en el proceso inflamatorio. Entre los fármacos de este grupo están: etanercept (administración subcutánea 2 veces/semana), infliximab (administración intravenosa en las semanas 0, 2, 6, y después cada 8 semanas), adalimumab (administración subcutánea quincenal) y golimumab (administración subcutánea mensual).
oFármacos que actúan sobre los linfocitos B y T, las principales células implicadas en los procesos inmunitarios. Este grupo de fármacos ha demostrado su eficacia en pacientes que no han respondido bien a los inhibidores del TNF. En esta categoría se incluyen rituximab (administración en infusión intravenosa, dos infusiones separadas quince días, y luego ciclos de mantenimiento cada 6 meses) y abatacep (administración intravenosa en las semanas 0, 2 y 4 y después mensualmente).
oInhibidores de la interleuquina 6 (IL-6), molécula que desempeña un papel clave en la regulación de la inflamación. Un claro exponente de este grupo de fármacos es tocilizumab, de administración intravenosa mensual.
Además de la vía y periodicidad de la administración, los tratamientos para la AR también varían en la forma y lugar de administración (hospital, domicilio, etc.). Todos estos factores influyen en el cumplimiento terapéutico por parte del paciente.
¿Por qué son tan importantes los controles?
Los pacientes con AR sufren un daño permanente en las articulaciones desde el comienzo de la enfermedad, y esto sucede con mayor rapidez en los seis primeros meses. Por tanto, iniciar el tratamiento tan pronto como se establezca el diagnóstico resulta primordial para evitar el daño sobre la articulación y para que el paciente esté en mejor disposición de conseguir una remisión rápida y duradera.
Numerosos estudios científicos indican que con un tratamiento precoz aumenta la probabilidad de remisión. Por ello, el seguimiento de cada paciente conllevará un control estrecho desde el principio de la enfermedad y a lo largo de su evolución. Estos controles contribuirán también a valorar si el cumplimiento por parte del paciente es el adecuado, y de este modo, permitirán corregirlo a tiempo o tomar las medidas más apropiadas.
Así, los pacientes con AR establecida y en remisión se evaluarán cada 6-12 meses; aquéllos con brotes frecuentes o con actividad persistente, o que presenten enfermedad de inicio reciente, precisarán controles cada 1-3 meses hasta conseguir la remisión o alcanzar la mínima actividad inflamatoria posible durante un periodo sostenido. La frecuencia de las visitas se modificará ante la presencia de complicaciones, efectos secundarios o enfermedades adicionales.
Conviene recordar que la relación entre el personal sanitario y el paciente es probablemente la herramienta más poderosa a la hora de lograr un buen cumplimiento del tratamiento prescrito.
Estos controles contribuirán también a valorar si el cumplimiento por parte del paciente es el adecuado, y de este modo, permitirán corregirlo a tiempo o tomar las medidas más apropiadas
Referencias